NAVIDAD SIN LUMINARIAS EN LA CALLE

OPINIÓN | Silbo apacible | por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC

Ahora, que ya hace unos días que hemos celebrado la Navidad, es un momento oportuno para aportar una reflexión.
El día de Navidad no siempre ha sido una fiesta cristiana. Todo el mundo lo sabe. Como también es sabido que no siempre ha sido festivo y celebrado. Con todo, desde hace ya muchos siglos la Navidad es, en nuestro entorno geopolítico, día festivo para conmemorar el nacimiento de Jesús.
La festividad de Navidad ha venido rodeada, de manera creciente, por una serie de signos en las calles de nuestras ciudades que han querido recordarnos, desde la vía pública, la significación de la fiesta.
Bienvenida sea toda esta luminaria si, de este modo, se contribuye a recordarnos lo que no debemos olvidar de esta celebración: su origen cristiano.
En los últimos años, también de manera creciente, la luminaria de nuestras calles ha comenzado a desdibujar el origen cristiano de la celebración.
Cada uno explica su razón y, para los que justifican estos cambios, las suyas son razones válidas.
Podríamos hablar pero, perdonad mi pesimismo, creo que sería un diálogo de sordos.
Para no caer en esta trampa lo que yo propongo es una alternativa.
A los cristianos, que queremos celebrar la Navidad, no necesitamos luminarias por las calles con simbologías extrañas a su significación.
La Navidad la celebramos en familia, es decir: en casa, y en la Iglesia, es decir: en comunidad.
Por estas razones digo que no necesitamos las luminarias en las calles.
Los cristianos no necesitamos las luminarias para celebrar la Navidad. Podemos perfectamente prescindir porque continuaremos celebrando la Navidad, tal como acaba de exponerse. Esta es una opción.
Hay otra opción.
Que se mantengan las luminarias en las calles porque eso hace fiesta y porque forma parte de nuestra tradición.
Si esta es la alternativa, entonces que se sea consecuente: que las luminarias, y otras simbologías, reflejen el significado cristiano de la Navidad.
Una u otra opción.
Quien debe decidir que decida, pero lo que no vale es celebrar en las calles de nuestras ciudades la Navidad escondiendo a Jesús.
Navidad y Jesús inexorablemente unidos.
Negarlo es negar nuestra historia.
Lo podemos repensar de otro modo, si queremos.
Pero lo que no podemos hacer es anunciar una fiesta y celebrar otra.

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