QUINIENTOS AÑOS DE CRISTIANISMO PROTESTANTE

EL PUNT AVUI | 14 DE NOVIEMBRE DE 2016
Guillem Correa – Secretario general del Consejo Evangélico de Cataluña

La Reforma protestante cambió la espiritualidad de la Iglesia y transformó la sociedad de la época con un impacto que ha llegado hasta nuestros días. Sobre los pilares teológicos de sólo Jesús, sólo la Biblia, sólo la gracia de Dios y sólo la fe, se empezó a construir la transición de la Edad Media hasta la actual posmodernidad.
La Reforma protestante llevó lo que hoy llamamos la democratización del conocimiento. Hasta entonces, el texto bíblico estaba reservado a unos pocos. La Biblia era un libro reservado a un grupo de elegidos que tenían el privilegio de poder leer y estudiar. Con Lutero, y la Reforma, la Biblia dejó de ser un libro desconocido para transformarse en el libro del pueblo. Lutero tradujo la Biblia al alemán. La puso a disposición del pueblo en la lengua que el pueblo hablaba y entendía. Pero, además, Lutero encontró, en un nuevo invento de la época llamado imprenta, el mejor aliado para la divulgación bíblica. De esta manera, Lutero abrió las puertas del conocimiento al pueblo con el posterior impacto que de todo ello se derivó. Esta voluntad de democratización del conocimiento impulsó, por ejemplo, que cuando los pastores protestantes llegaron a nuestro país, a raíz de la revolución de 1868, La Gloriosa, y los siguientes años, lo primero que hicieron fue abrir escuelas (para niños y adultos) para combatir el analfabetismo galopante de la época. El motivo de esta iniciativa era doble. Por un lado, por una razón obvia: el protestantismo era, y es, contrario a la incultura. Pero por otro lado, y no menos importante, porque para poder acceder a la Biblia hay que saber leer y escribir.

La segunda aportación de la Reforma protestante fue el de la libertad de expresión. Hasta entonces, la Biblia no sólo estaba reservada a unos pocos, sino que sólo era posible una sola interpretación de sus textos: la oficial. Con el protestantismo, el creyente no sólo puede acceder por sí mismo al texto bíblico, sino que puede expresar libremente su comprensión del mismo. La Biblia, por primera vez, después de muchos siglos de oscuridad, puede ser interpretada por el creyente sin más intermediario, sin nadie que le diga a qué conclusión debe llegar y sin ningún tipo de censura. Evidentemente, esta capacidad de análisis y la resultante que del mismo se deriva abrieron la puerta a todo tipo de desarrollo cultural. Se pasó de ser una sociedad cerrada a ser una sociedad abierta al futuro y en sí misma. Esta puerta de libertad conllevó la apertura a la lengua del pueblo, la ciencia, la cultura, las artes y la economía.

La tercera aportación de la Reforma fue la de la ciudadanía responsable. El sistema de indulgencias medieval era el resultado de la teología de la penitencia, de la salvación por las obras. Esta manera de entender la relación con Dios conllevaba una cierta comercialización de la fe. El sistema penitencial respondía a la tesis doctrinal que nuestra relación con Dios tiene un precio que podemos pagar. Con la doctrina de la salvación por la fe, el sistema penitencial hace aguas por todas partes. A Dios ya no lo podemos comprar ni con nuestros hechos ni con nuestras pertenencias. El acceso a Dios es gratuito. No representa ni coste ni ningún tipo de sacrificio. La contrapartida de este acceso gratuito al amor de Dios es la correspondencia. Dios nos ama y espera ser amado por nosotros. Por esta razón, el cristiano protestante no se comporta de una determinada manera por miedo o porque sabe el coste que le supone, sino porque ama Dios. Los creyentes somos ciudadanos del Reino de Dios y, por amor a Dios, nos comportamos como ciudadanos responsables de este Reino. Para poner ejemplos de la vida práctica: no debemos ser buenos trabajadores porque nos pueden despedir si no se somos, sino porque buscamos la excelencia de nuestro trabajo para agradar a Dios. Como tampoco debemos defraudar a Hacienda para que nos pueden pegar, sino porque Dios espera de nosotros que seamos honrados. Es esta manera de entender cuál debe ser nuestra relación con Dios que determina nuestro sentido de responsabilidad. Sentido de responsabilidad que, aplicado a la sociedad, desarrolla el concepto de ciudadano y de ciudadano responsable.

La cuarta aportación de la Reforma, por ceñirnos a los elementos transformadores de la misma, es la del derecho a decidir que, expresado teológicamente, es el libre albedrío. Según la teología protestante, Dios no se impone al ser humano, sino que nos da la libertad de aceptar o de rechazar su amor. Esta libertad nos hace responsables de nuestras decisiones, ya que cada decisión le corresponde una consecuencia. Y si Dios establece esta relación entre él y nosotros, espera que nosotros repetimos el modelo en nuestras relaciones humanas. Es la teología del amor en contraposición a la teología de la imposición. Es la teología de la persuasión en lugar de la teología del castigo. Es la teología del diálogo en lugar de la teología de la trágala la.

En definitiva, el cristianismo protestante ha sido semilla de transformación espiritual que ha sembrado el campo de nuestra historia de procesos de liberación humana de entre los que queremos recordar: el de la liberación de la mujer (no hay diferencias en la la hora de acceder al ministerio ordenado de la Iglesia), el de la liberación de la esclavitud (fue un cristiano protestante quien consiguió que se aprobara la abolición) o el de la lucha contra la separación racial en Sudáfrica (fueron cristianos protestantes los principales protagonistas de este proceso).
El cristianismo protestante inició un camino hace 500 años en el que todavía nos queda mucho por hacer, pero no está mal del que ya se ha hecho.

http://www.elpuntavui.cat/societat/article/-/1021240-cinc-cents-anys-de-cristianisme-protestant.html?tmpl=print

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