35 AÑOS DE CONSEJO EVANGÉLICO

OPINIÓN | Silbo apacible | por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC

Como si fuese ayer, hace treinta y cinco años que nació el Consejo Evangélico de Cataluña. Para celebrarlo, el mismo Consejo organizará, en el mes de octubre, un acto donde será invitado el liderazgo religioso, político y social de nuestro país y una parte significativa del liderazgo evangélico.

Con esta celebración no sólo se querrá conmemorar esta historia actual y próxima del Consejo Evangélico de Cataluña, sino que será la fecha de salida de la conmemoración del V Centenario del inicio de la Reforma Protestante, del inicio del Cristianismo Protestante.

Esta bienaventurada coincidencia nos debe llevar a una reflexión propia y compartida sobre cómo ve el resto de nuestra sociedad el Cristianismo Protestante.

Dos son las miradas, por hacerlo breve, que encontramos.
No hace falta profundizar mucho para constatar que el Cristianismo Protestante es, por un lado, víctima del mismo rechazo anticlerical, (hoy decimos, cristianofobia) que aún se vive entre determinados sectores sociales, por el solo hecho de ser cristianos. Este segmento de la sociedad no hace distinción alguna entre presente y pasado, entre el cristianismo protestante de aquí y lo que se vive en otros países, ni tampoco entre confesiones cristianas.

Por otra parte, la inmensa mayoría de la gente ni ha oído hablar del protestantismo ni sabe que hay protestantes en nuestro país.
Lo que es aún más triste es que, ante esta situación, cuando las diversas autoridades públicas hablan de recuperar la memoria histórica confunden memoria histórica con memoria política.
Casi nunca se han planteado, cuando hablan de recuperar la memoria histórica, recuperar la memoria religiosa, y olvidada, de la Iglesia Protestante.
Para la inmensa mayoría del país y de las autoridades los protestantes somos inexistentes o anecdóticos.

Una oportunidad:
Que los 35 años del Consejo Evangélico de Cataluña, y los quinientos años de Cristianismo Protestante en el mundo, lleven a las diversas administraciones a tomar conciencia de la parte de culpa que han tenido en el pasado, de que el Cristianismo Protestante sea casi desconocido entre nosotros, y de la responsabilidad que ahora tienen, en sus manos, para poner hijo a la aguja para subsanarlo.

La pelota está en su tejado.

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