II CONFERENCIA MISIONERA

OPINIÓN | Silbo apacible | por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC |

¿La Iglesia debe replantearse su misión o se debe replantear la forma de llevar a cabo la misión? Esta ha sido, formulada de muchas y diferentes maneras, la pregunta que durante un par de días ha reunido buen número de miembros y de dirigentes de la Iglesia Evangélica de Cataluña.

La mirada interna y la mirada externa se han conjugado con una serie de miradas cada una de las cuales, desde su rincón, deben tratar de aportar algo más que una respuesta conocida.
Si tuviera que definir la jornada del viernes con una palabra, la que escogería sería la palabra: contexto.
El contexto es determinante a la hora de pensar la Misión, a la hora de pensar ser Iglesia en Misión y a la hora de pensar cómo proclamar la buena noticia de Jesús desde la Misión.
La palabra que yo escogería para el sábado sería: diversidad.

Diversidad porque la pluralidad de la Iglesia Protestante se ha visto enriquecida por la pluralidad de contextos en el que vive hoy, aquí y ahora, esta Comunidad de Fe.
Diversidad de lo que nos es propio pero también diversidad de lo que ha venido de fuera de nosotros mismos y no sólo por lo que nos está aportando el mundo de la inmigración, sino por lo que nos está aportando el mundo de las nuevas tecnologías, de la globalización o de la situación de crisis económica en la que perduramos.

Lo que nos muestra esta II Conferencia es que hay inquietud. Preocupación sincera. Voluntad de cambio. Necesidad de unirse para repensarse juntos.

Siendo buenas, que sin duda lo son, las conclusiones de esta II Conferencia Misionera lo mejor no son las conclusiones ni el número de participantes. Lo mejor es que muestra y demuestra que una parte no pequeña de la Iglesia está atenta a un entorno cambiante.
Y esta es una buena noticia.

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