MISIÓN EVANGÉLICA URBANA DE BARCELONA

Juan Simarro, en Protestante Digital, el 10 de mayo

Esta nueva Misión Evangélica Urbana genera una expectativa de bendición para la obra social en nuestros ámbitos evangélicos

Hoy toca hablar de la Misión Urbana de Barcelona, pero antes permitidme un pequeño preámbulo: No cabe duda que las Misiones Urbanas han vertebrado mucho la acción social cristiana en nuestras ciudades. La Misión de Madrid, por ejemplo, ha trabajado en tres líneas fundamentales:

1.- La práctica del trabajo social entre los más necesitados, los excluidos de los bienes de nuestras sociedades, abarcando el trabajo tanto entre niños como entre mujeres, inmigrantes, personas sin hogar, desempleados de larga duración, bebés… Sí, bebés. Recordad nuestro centro Da Vida de atención a la mujer y a la infancia.

2.- El fomento de la obra social tanto en las iglesias —hoy hay muchísimas iglesias que comenzaron sus obras sociales siguiendo el ejemplo de las Misión Urbana de Madrid—, también el impulso para que surgieran nuevas asociaciones de acción social cristiana y, lo que más compete ahora destacar, el impulso para que nacieran las Misiones Urbanas de Zaragoza, Valencia, Sevilla, Vigo y Málaga que, siguiendo el ejemplo de la Misión de Madrid, han hecho un trabajo social excelente. Es verdad que de la Misión de Málaga no tenemos muchas noticias y permanece como un mundo aparte muy independiente con las otras cinco.

3.- La concienciación y sensibilización social a través de sus libros, artículos, conferencias, visitas a muchas de las iglesias en el ámbito inter-denominacional de nuestras grandes ciudades, sermones y otros. A través de las publicaciones hemos alcanzado tanto a España como a Latinoamérica. Creo que el balance ha sido más que positivo en sus más de treinta años de existencia.

Ahora, afortunadamente, toca hablar de la Misión Evangélica Urbana de Barcelona. Sí. Todo un reto, toda una expectativa de bendición para la obra social en nuestros ámbitos evangélicos. El impacto del nacimiento de esta Misión puede ser enorme. Así lo veo, así lo creo, así lo espero.

Hoy, os quiero hablar de un encuentro especial que puede tener relevancia para la extensión de la obra social evangélica entre nosotros. Está en relación con una de nuestras grandes ciudades: Barcelona. Siempre la hemos tenido en nuestra mente, la he visitado, he predicado en varias de sus iglesias, he conferenciado allí y compartido mi visión y mis ilusiones. Hoy, afortunadamente, se están dando pasos fundamentales para la posible constitución de una nueva Misión Urbana: La Misión Evangélica Urbana de Barcelona. Os adjunto folleto promocional. Por favor, miradlo, leedlo y orad por ello.

Al hablar de Barcelona, tengo la necesidad ineludible de hablar de alguien que ha sido importante para la promoción de la obra social evangélica en Cataluña: Guillem Correa. A veces, uno no sabe que los contactos y amistades hechas en el campo evangélico pueden dar frutos aunque hayan pasado años. Quizás pareciera que ha pasado nuestro tiempo, pero no el tiempo de Dios. Sí. Voy a hablar un poquito de Guillem. No porque sea necesario presentarle, pues es realmente conocido por todos, sino porque, en este caso, también es el motor de este encuentro en torno a una temática tan importante.

Tuve la suerte de trabajar con él cuando yo, además de mi involucración en Misión Urbana Madrid, era Presidente de Diaconía en esta ciudad. Él llevaba toda la representación catalana tanto de Diaconía como del Consejo Evangélico de Cataluña. Su amor y entrega por el trabajo social evangélico era una de sus características. Recuerdo que, en su día, me pasó una Guía de los servicios sociales evangélicos en Cataluña de los de casi todos él era el promotor. De alguna manera hemos compartido aficiones en la línea de ir creando tejido social evangélico. Sí, trabajamos juntos en las reuniones que teníamos de Diaconía España y las Diaconías Autonómicas en la sede de la FEREDE y recuerdo que él hacía el esfuerzo de trasladarse de Barcelona a Madrid continuamente. Colaboramos juntos en dos congresos de Obra Social Evangélica, uno en Madrid y otro en Barcelona. Fue un placer trabajar con él y siempre ha sido para mí una referencia.

Ahora, pasado el tiempo —la Misión de Madrid tiene ya treinta años— y después de muchos esfuerzos aparentemente baldíos que se hicieron por mi parte para que se constituyera la Misión de Barcelona, me parecía que mi trabajo en esta línea ya se había terminado. Sin embargo, el Señor ha querido que no sea así. Guillem Correa ha contactado conmigo y me ha dado a entender que ha llegado el momento de la constitución de la Misión Evangélica Urbana de Barcelona. Para mí, no sólo una sorpresa, sino una alegría y, estando Guillem ahí con su experiencia y su conocimiento de tantas obras sociales, creo que tenemos toda una garantía de éxito.

Como cristiano sé que tenemos que dar gracias al Señor por esta oportunidad y poner todo en sus manos en oración. El día 11 de junio estaré con ellos en esa gran ciudad que es Barcelona. Ya se ha trabajado la convocatoria hecha desde el Consejo Evangélico de Cataluña y desde Iniciativas Solidarias. Tendremos toda una mañana con una Conferencia que impartiré sobre la “Fundamentación Bíblica de la Obra Social” y otra sobre la “Misión Urbana hoy”. Finalmente abriremos un coloquio y intentaremos llegar a conclusiones que espero que sean definitivas y relevantes.

Tenemos la necesidad de que en esa reunión se levanten iglesias interesadas y comprometidas en el tema. Que se forme un comité para la constitución de la Misión Evangélica Urbana de Barcelona. Desde Madrid y desde las demás Misiones en las diferentes ciudades en las que existe y que ya he nombrado, tendrán toda la asistencia que necesiten, sea para hacer sus estatutos, para compartir experiencias y para arrimar el hombro como hermanos comprometidos en la acción social. Personalmente tengo una impresión que os comparto y que espero no equivocarme: La Misión Evangélica Urbana de Barcelona puede llegar a ser la misión mayor y más fuerte de entre todas las que hay hoy en las ciudades que hemos nombrado. Dios quiera que mi impresión se cumpla. Es mi deseo, Señor, mi ruego. Así lo espero, en Ti confío.

Las Misiones Urbanas son necesarias. Yo creo que su trabajo en nuestro mundo evangélico puede ayudar a tener una visión de un Evangelio integral siguiendo los pasos de Jesús en donde el compromiso con el hombre, con el prójimo, no sea una teología segunda sino parte esencial e integrante de la vivencia de la espiritualidad cristiana. Nosotros, para la extensión de estos valores hemos contado con nuestras publicaciones en CLIE y con el Blog que tengo en Protestante Digital. Así, hemos llegado a todo el mundo hispano. Todo un privilegio que desearía compartir algún día con nuestros hermanos en Barcelona.

Hasta ahora ninguna de las Misiones que tenemos establecidas ha seguido a la Misión de Madrid es esta área tan importante como es la promoción y la sensibilización a través de escritos y publicaciones. Pero no sé por qué tengo el presentimiento de que la Misión Urbana de Barcelona puede llegar a tener personas formadas que trabajen estas líneas tan fundamentales para el trabajo social. Escritos de concienciación, de búsqueda de la justicia, de denuncia, de lucha para reducir la pobreza en el mundo, de lanzamiento de nuevos valores que hagan que las estructuras sociales injustas puedan caer hechas pedazos.

Ahora, otra cosa más personal que creo es bueno que lo sepáis: Sabéis que yo ya tengo una edad y una larga vida usada en la promoción y en el trabajo directo en la acción social. ¿Sabéis una cosa? Es muy probable que la Misión de Barcelona sea la última que yo anime a salir a la luz siendo ya Presidente de la Misión de Madrid. Luego, Dios dirá, porque yo seguiré bajo su voluntad y a disposición de la obra social evangélica. Seguiré respondiendo a las llamadas que me hagan y, lo curioso del caso, es que nunca podré ir a título personal. No. Es imposible. Yo siempre llevaré marcado en mi rostro las señales de la Misión Evangélica Urbana de Madrid, pero también las marcas de todas y cada una de las Misiones Urbanas existentes en nuestras ciudades. Así lo siento. Así creo que me ven y me verán mientras viva.

Gracias, Señor, por tener tus tiempos. Gracias, Señor, porque también las relaciones entre hermanos dan sus frutos. Lo dejamos todo en tus manos, Señor. Como en todo, hágase tu voluntad.

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