B Y LAS LÁGRIMAS DE DIOS

OPINIÓN | Silbo apacible | Por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC

Me lo contaron cuando era pequeño y a medida que he crecido en años y en experiencia he podido comprobar que es verdad: Dios también llora. Lo vemos en el texto bíblico cuando Jesús lloró la muerte de un buen amigo suyo. Lo vemos cuando Jesús llora por el pecado de la ciudad de Jerusalén que mata a los profetas portadores de paz, de la paz de Dios. Y lo vemos cada vez que los humanos nos matamos unos a otros, justificando nuestros actos con excusas inaceptables a los ojos de Dios.

Estos días hemos hecho volver a llorar a Dios.
Dios está llorando por los tristes acontecimientos de Bruselas.
El suyo es un llanto contenido porque quiere llevar consuelo a los corazones desconsolados de los que han visto como la muerte ha matado a propios y extraños.
Dios está llorando discretamente, silenciosamente.

Nuestro dolor es compartido por Dios de una manera que ninguno de nosotros lo puede compartir.
Que en este compartir el dolor encontramos en Dios consuelo por nuestro dolor.
Y que en nuestro consuelo podamos consolar a los demás.

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