QUE EL SEÑOR LE BENDIGA, SEÑOR PRESIDENTE

OPINIÓN | Silbo apacible | Por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC

El encuentro fue corto y se enmarcó en el contexto de la toma de posesión del nuevo Presidente de la Generalitat de Cataluña, el señor Carles Puigdemont. Por esas cosas de la vida, fui una de las primeras personas que lo pudo saludar personalmente cuando salió al Patio de los Naranjos del Palacio de la Generalitat, acompañado por el Presidente Artur Mas.
El mío,  no podía ser sólo un saludo personal como tampoco podían ser unas palabras de cortesía felicitando el nuevo Presidente por su nombramiento.
Tampoco lo quería saludar a título personal.
Lo hice en nombre de la Comunidad Protestante: “Que el Señor le bendiga, señor Presidente”. La suya fue una rápida y sincera respuesta: “Unas palabras muy necesarias y oportunas en estos momentos”, me contestó. Y nada más terminar, otra persona se acercó al Presidente para decirle lo que le quería decir.
Mi papel había terminado. Lo que había que decirle al Presidente ya estaba dicho. Era el momento de empezar a ocuparse por el futuro de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña.
Pero volviendo a la cuestión que nos ocupa, nos hemos de recordar a nosotros mismos que, como parte de la Iglesia de Jesucristo, nos hace falta, en todo momento, estar donde debemos estar y decir lo que es oportuno. Es decir: una palabra de testimonio que hable de Jesús y una oración que lleve bendición a las personas.
Hablar de Jesús y orar son dos de las vocaciones a que somos invitados todos los cristianos y todas las cristianas. En todo lugar y en toda situación.
Tal y como enseña la Biblia, la palabra explicada de Dios, los cristianos y las cristianas rogamos por nuestras autoridades. Por esta razón, ya que Cataluña tiene un nuevo Presidente a nosotros nos corresponde orar por él y por su nuevo Gobierno.
Hagámoslo.
En este momento es lo que hay que hacer.

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