DOBLE CONDENA

O P I N I Ó N  |  Silbo apacible  |  por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC  |

Primera idea:
Los últimos acontecimientos terroristas del 7 de este mes en París contra el semanario ‘Charlie Hebdo’ sólo merecen la más contundente condena. Sin matices. Sin palabras disfrazadas. Claro y muy alto: es un acto reprobable y condenable. Y así lo tenemos que hacer y lo hacemos desde la Comunidad Protestante.
Segunda idea:
Lo que también debe quedar muy claro es que es un acto terrorista realizado por terroristas. Terroristas que no tienen nada que ver con ningún tipo de religión ni de religiosidad.
No son personas religiosas que cometen un acto terrorista.
Son terroristas que cometen un acto terrorista.
Acto terrorista y persona religiosa es una contradicción en términos: o terrorista o religioso. Hay que elegir. Ambas realidades son incompatibles en una misma persona.
La tercera, y última, idea.
Hay que poner sobre la mesa la reivindicación de la convivencia y de la paz social.
No debemos hacer el juego a los terroristas, que quieren exportar su guerra entre nosotros.
La nuestra es una sociedad pacífica y llamada a ser pacificadora.
Tenemos derecho a la discrepancia pero en una sociedad democrática, es decir: de derecho, las discrepancias se resuelven pacíficamente en los tribunales de justicia.
Y esta es la gran lección que no debemos olvidar nunca.
Claro que este semanario ofendió a más de una conciencia e hirió a más de una sensibilidad. Incluso podemos admitir que blasfemó (Ofender lo que se considera sagrado por parte de una religión). Pero, aún así, la blasfemia debe defenderse en un tribunal. Y cuando se dicte sentencia esta deberá ser acatada: Los presuntos ofendidos y los presuntos ofensores.
Esta es la esencia de la democracia.
Hay que recordar, en este punto, que la democracia moderna ha nacido en el seno de la tradición protestante y que, con el tiempo, este comportamiento social se ha ido imponiendo en buena parte de nuestro mundo. Es decir: sabemos de lo que hablamos.
Seamos demócratas.
Y porque lo somos: condenamos a todos los que quieren recurrir a la violencia para defender sus discrepancias.

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