Culto de Acción de Gracias

O P I N I Ó N  |  Silbo apacible  |  por Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC  |

Como cada año, y reunidos por el Consejo Evangélico, las principales Instituciones Evangélicas participaron en el Culto de Acción de Gracias que se celebra en el transcurso del mes de enero.
El propósito de este culto es doble. Por un lado, dar gracias a Dios por las bendiciones vividas y, por otro lado, buscar su dirección por el nuevo año que está comenzando.
Es muy importante que, como creyentes,  sigamos celebrando este culto especialmente en el entorno que nos ha tocado vivir. Recordando la dureza del actual momento histórico preciso que sigamos manteniendo nuestra mirada en Jesús, quien da sentido y vida a nuestra vida.
Una espiritualidad que nos lleve al escapismo, no es una espiritualidad cristiana. Una espiritualidad que nos lleve a un realismo sin esperanza, tampoco es una espiritualidad cristiana.
La espiritualidad cristiana es la espiritualidad que, sin escurrir el bulto ni renunciar a la trascendencia, sabe vivir en su presente histórico continuando viviendo el propósito de la vida que encontramos en Jesús.
Esta espiritualidad nos lleva a dar gracias por lo que vivimos pero también nos lleva a mostrar un agradecimiento más grande por lo que somos en Jesús.
En Jesús somos una nueva creación de Dios, somos anticipación de lo que será  y, aún más, somos el anuncio de lo que pueden ser los que todavía no creen.
Todo Culto de Acción de Gracias es una afirmación de nuestra fe y una invitación a creer. Una invitación para que los que ya creemos afiancemos aún más nuestra fe. Y una invitación a los que han dejado de creer o no creen a encontrar en Jesús sentido a la vida.
A los cristianos, como Comunidad de la Biblia, nos gusta alinearnos detrás de Jesús. Es por esta razón que nos declaramos Seguidores y Seguidoras de Jesús porque en este seguimiento encontramos la razón de vivir.
Hoy, cuando tantos y tantos han perdido su razón de vivir, por las decepciones que les ha dado la vida en los últimos tiempos, es un signo de esperanza personal y colectiva que gente como la que nos rodea cada día se reúna para afirmar que la nuestra no es una esperanza vana, sino fundamentada en Cristo.
Y por esta razón aún tenemos fuerzas, aliento y convicción para continuar celebrando el Culto de Acción de Gracias.

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