Abuelos solidarios

O P I N I Ó N  |  Silbo apacible  |  Guillem Correa, pastor en Barcelona y secretario general del CEC

Me explicaba un alto directivo de una importante entidad bancaria que cada vez son más los abuelos, es decir: los abuelos y las abuelas, que el mismo día que cobran la pensión la mayor parte de la misma se ingresa automáticamente en otra cuenta bancaria para pagar la hipoteca de un hijo o de una hija que ha dejado de cobrar el paro desde hace tiempo y que no tiene medios para hacer frente a este gasto.
Esta percepción bancaria se ha visto confirmada por un reciente informe del Consejo Económico y Social en el que se nos dice que más de 400.000 familias viven de los ingresos de los abuelos.
Analizando ambas informaciones podemos llegar a una relevante conclusión  que ya intuíamos: las redes familiares son las que están parando el golpe en la actual crisis económica.
Es curioso este mundo.
Durante décadas, determinados sectores de nuestra sociedad se han empeñado en menospreciar a nuestros abuelos y a nuestras abuelas. Para estos sectores, el suyo era un papel residual.
En contra de todo lo que algunos han dicho, ahora resulta que el papel de las abuelas y los abuelos es fundamental para hacer frente a buena parte de las amenazas que nos rodean.
Tal vez ha llegado la hora de hacer justicia a todas las organizaciones sociales que durante años y años han unido sus esfuerzos para defender los derechos de nuestras abuelas y de nuestros abuelos.
Seguramente lo que mejor podríamos hacer en estos momentos es hacer nuestras las causas que les han llevado a sentirse marginados y extraños en una sociedad que ellas y ellos han forjado con su esfuerzo y abnegación.
Y también seguramente lo mejor que podríamos hacer no es ser solidarios con nuestras abuelas y con nuestros abuelos porque ahora nos están ayudando a apaciguar la crisis, sino porque las causas que defienden son justas y porque una sociedad que no hace justicia a sus abuelas y a sus abuelos no se merece mirarse a la cara.
Seamos solidarios y solidarias con nuestras abuelas y con nuestros abuelos.
Se lo merecen.

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