¡Indignaos! (pero no pequéis)

O P I N I Ó N |  Silbo Apacible |  Guillem Correa, pastor en Barcelona y Secretario General del CEC  |

Stéphane Hessel, un buen hombre de 93 años héroe de la resistencia francesa y el único padre vivo del texto de los Derechos Humanos, ha escrito una miniatura que ha titulado: ¡Indignaos! Y que yo, de acuerdo a Efesios 4, 26, he ampliado con el “pero no pequéis”.

Sin revelaros el contenido del libro, para invitaros a leerlo, resulta bastante interesante lo que su portada nos anuncia: es un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica.

Hoy en día, la indignación ciudadana lleva dos apellidos bien diferenciadores. Encontramos la indignación de la opulencia. Es la indignación de la sociedad rica y egoísta que reclama todos los derechos sociales, pero siempre en el “patio del vecino”. Es la indignación que nace del individualismo que valora el mundo en función de sus intereses particulares. Esta indignación la encontramos en la comunidad de vecinos en la que se ‘molestan’ los unos a los otros por razones mucho más que discutibles y nunca bienintencionadas. Es la indignación que encontramos en la sociedad que protesta por todo sin analizar la herida social que produce. Es la indignación porque los demás no vemos el mundo desde el mismo color.

La otra versión es indignación violenta. Es la más visible. Es aquella que se impone por la fuerza. Es la que se impone porque tiene la capacidad de imponerse.  Es la indignación de los fuertes contra los débiles, de los poderosos contra los pobres, de los que se pueden imponer contra los que sólo pueden llorar.

¿Hay alguna alternativa a la indignación de la opulencia o a la indignación de la violencia?
Stéphane Hessel, desde su percepción de la realidad, nos propone otra indignación. Nos propone una indignación contra la indiferencia social.

Esta indignación no está orientada a fomentar nuestro egoísmo, sino a promover nuestra solidaridad en favor de las causas justas.
Es la indignación que experimentó Rosa Parks en 1955 cuando se negó a levantarse para dejar sentar a un blanco, en lugar de ocupar el espacio que tenían reservado los negros al final de cada autobús.
Su indignación promovió un boicot a los autobuses de la ciudad estadounidense de Montgomery de 382 días. La gente se levantaba una o dos horas antes para ir a trabajar caminando y llegaba una o dos horas tarde a casa por la misma razón.

Aquella indignación no fue hija de la opulencia ni terminó en violencia.
El pastor Martin Luther King se puso al frente de esta indignación no violenta y animó a los suyos a continuar hasta conseguir que se aboliese la segregación en el transporte público en los Estados Unidos.
Luther King actuó para que la indignación tuviera una caja de resonancia que llegara a tener impacto social. Animó a los suyos a indignarse, pero a hacerlo sin pecar. Es decir: desde la resistencia de la no violencia.

Hoy necesitamos, para vencer la indiferencia social que nos rodea, una resistencia no violenta.
¿Hay alguien que quiera dar el primer paso?

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