Pascua

O P I N I Ó N | Silbo Apacible | Guillem Correa, pastor en Barcelona y Secretario General del CEC

En el calendario cristiano hay dos fechas señaladas que sobresalen de entre todas las demás: Navidad y Pascua. El nacimiento de Jesús y la resurrección de Jesús.
En realidad estos dos días son festivos porque para los cristianos es siempre una fiesta rememorar que Dios, en Jesús, se encarnó y que Jesús venció la Cruz con su resurrección de la muerte al tercer día.
Pero los tiempos cambian. Hoy, la fiesta de la Pascua es un tiempo que, cada vez más, se ha de vivir desde el recogimiento personal y, a ser posible, desde la convivencia de la Comunidad de Fe.
Al contrario de la Navidad donde todos, creyentes y no creyentes, participan de la fiesta y donde cada uno la bautiza con el nombre que nace de su fe o de su falta de fe, la Pascua es un espacio de distanciamiento social.
Una buena parte de la sociedad vive la Semana Santa como un espacio de vacaciones que se aprovecha para viajar o para un ‘merecido descanso’. La otra parte de la sociedad, los que somos hijos de la fe en Jesús, la vivimos como una oportunidad para adentrarnos en nuestra espiritualidad.
Si la meditación diaria nos lleva a la presencia de Dios, encontrándonos con Jesús, la Semana Santa es el encuentro con el Jesús más humano, más cercano, más como cada uno de nosotros.
Es el Jesús que sufre porque ama, es el Jesús que ama porque nos quiere cerca de él, es el Jesús que, por tenernos cercanos, hace lo que sea necesario aunque lo que sea necesario sea morir por todos nosotros.
Pero la Semana Santa no es el anuncio de una muerte, sino la proclamación de una resurrección. El camino obligado es el camino de la muerte, pero la muerte es sólo un estadio del camino; en ningún momento es su fin.
El fin, el propósito, de la Semana Santa es el Domingo de Pascua, es el domingo de Resurrección.
Por eso, la Pascua es una fiesta que hay que vivir con la alegría del creyente, con la alegría de la fe.
La Biblia afirma: Cristo ha resucitado.
Y como pueblo respondemos: sí, ciertamente, Cristo ha resucitado.

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