Viva la República (por el Pluralismo Religioso)

O P I N I Ó N  |  Guillem Correa, pastor en Barcelona y Secretario General del CEC

El Jefe del Estado Español todavía no ha demostrado que también lo es de la Comunidad Protestante. En todos estos años todavía no ha asistido a un acto civil o religioso organizado por nuestra Iglesia. Todo lo contrario que ha hecho con las otras Confesiones Religiosas inicialmente reconocidas como de notable arraigo: judíos y musulmanes. Los ha visitado y la visita ha tenido el oportuno eco mediático.

Es con Comunidades como la Protestante donde se demuestra el talante de las autoridades públicas. La Iglesia Protestante se representa a si misma sin ningún Estado extranjero detrás que obligue a posicionarse. Es la prueba de la autenticidad. Es la oportunidad de demostrar que lo que se afirma es mucho más que palabras o intereses políticos.

Y no será que no se haya intentado -por parte protestante-.

Este es un hecho constatable.

Aproximadamente cada 10 años se celebra un Congreso Evangélico a nivel de todo el Estado. La tradición no escrita indicaba que una vez se celebraba en Madrid y la siguiente en Barcelona. Pero llegó el año 1997 y en lugar de celebrarse en Barcelona, tal y como correspondía, se organizó en Madrid. Como ya han pasado muchos años podemos públicamente reconocer que se hizo para favorecer la presencia del Rey en alguno de los actos que se organizaron.

Los que defendíamos la candidatura de Barcelona pronosticamos que la deseada visita no se produciría y que aquel congreso también sería recordado como un agravio contra la ciudad a la que le correspondía organizarlo.

Lo máximo que se logró fue una audiencia.

El año 2007 se organizó, está vez en Barcelona, el 7 Congreso Evangélico. Tal y como correspondía se dio otra oportunidad al Jefe del Estado para validarse a si mismo delante de la Comunidad Protestante. Para facilitar las cosas se extendió la invitación a cualquier otro miembro de la su Casa.

Esta vez ni siquiera fuimos recibidos en audiencia.

La mayoría de dirigentes de la Iglesia Protestante dejamos nuestro republicanismo teológico para abrazar el juancarlismo hijo del 23 F, convencidos de que un Jefe de Estado demócrata velaría por los derechos de las minorías -incluidas las minorías religiosas-.

Muchos años más tarde el tiempo nos ha demostrado el exceso de buena voluntad que presidió nuestra decisión.

Por todas estas razones hemos de volver sobre nuestros pasos para recuperar el antiguo republicanismo teológico y volver a gritar: Viva la República, pero una república que ponga en valor el derecho de las minorías religiosas porque de lo contrario ya estamos bien como estamos ahora.

Noticias relacionadas:

Els comentaris estan tancats