La misericordia

R E F L E X I Ó N  |  Fidel Caralt, pastor en St. Joan Despí y colaborador del programa ‘Néixer de Nou’

¡Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia! Mateo 5:7

Vivimos en un mundo altamente competitivo. Competitividad es una de las soluciones de los expertos a la crisis económica que estamos pasando. Hay que ser mejor y producir mejor que el otro para vender más y ganar más. Desde muy pequeños nos han inculcado: debes ser mejor que los demás, tienes que estudiar mucho, no tanto para ser mejor persona, sino para tener una mejor posición y ganar más. No pensamos en el bien de los demás, pensamos en nosotros.

Mucha gente se pregunta: ¿Por qué ese debe tener una ayuda económica cuando a mí me ha costado tanto conseguir lo que tengo? ¿Por qué aquel tiene un mejor trabajo que el que yo tengo?, o ¿por qué tiene un trabajo y yo no lo tengo? Compañeros de una misma empresa se miran con recelo y envidia y, si es necesario, pisarán al otro para conseguir el mejor puesto o para mantener lo que tienen.

Esta competencia entre los seres humanos ya viene de lejos. Abel y Caín ya tuvieron la primera disputa. Caín no podía soportar que la ofrenda de su hermano fuera considerada mejor. No es mi intención hablar de economía o de religión sino de las actitudes, de una manera diferente de ver y relacionarse con nuestro prójimo.

La misericordia.

¡Qué fácil es quejarnos de los inmigrantes y no recordar que todos hemos sido alguna vez emigrantes! ¡Qué fácil esquejarnos de las ayudas sociales que reciben y no recordar que tenemos un trabajo y una familia a nuestro lado. Muchas veces lo único que nos interesa es mantener nuestro status, y no estamos dispuestos a compartir.

Vivimos en un mundo tan cambiante, que aquel que piensa que hoy lo tiene todo y mira con indiferenciaa  los que lo están pasando mal, quizás algún día necesitará una mano. Fácilmente cargamos contra quienes han cometido errores en la vida y no recordamos que cada día nos equivocamos.

Misericordia es reconocer la situación precaria de nuestro prójimo y hacer algo para él que le ayude a levantarse.

Los que seguimos a Jesús nos hemos mirado en su espejo y hemos visto nuestra propia miseria. Hemos experimentado el perdón de Dios y su misericordia. Nos hemos dado cuenta de que no merecíamos nada y, sin embargo, su respuesta ha sido amarnos. Y es esta experiencia la que nos hace ver la dignidad del otro, que todos somos iguales y que al igual que has sido perdonado debes perdonar, y que como El te ha amado así debes amar.

La misericordia no se aprende, la misericordia se recibe. Y si tú has recibido la misericordia de Dios serás misericordioso y también lo serán contigo.

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