Martín Lutero, aceptado en Barcelona

Silbo Apacible (Guillem Correa)  |  Después de siglos de haber sido perseguido, ultrajado, silenciado, ignorado y tolerado finalmente Martín Lutero será oficialmente aceptado en Barcelona.

Muchos años han pasado desde que el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavara sus, hoy famosas, 95 Tesis en la puerta de la Catedral de Wittenberg, Alemania. Sin embargo, el día 2 de marzo del año 2011 el Alcalde de Barcelona, el señor Jordi Hereu, anunció públicamente que Martín Lutero tendría una lugar en la ciudad; que la ciudad le dedicaría una plaza o un jardín; que la ciudad, finalmente, dejaba de renegar de Martín Lutero para considerarlo uno de los suyos, uno de sus hijos, uno de sus ciudadanos.

Seguramente para algunas personas hubiera sido preferible que el Alcalde le dedicara la plaza o el jardín a un protestante nacido entre nosotros o incluso que la dedicara a una protestante. Con todo, ha prevalecido la idea de que la primera plaza o jardín que se dedique en la ciudad de Barcelona a un protestante lleve el nombre de Martín Lutero como signo de Reconciliación entre esta ciudad y todos aquellos de sus ciudadanos y de sus ciudadanas que se han reclamado como hijas e hijos de la Reforma Protestante. Y, por extensión, entre la ciudad y todas las hijas y todos los hijos de la Reforma independientemente del lugar o de la ciudad donde hayan nacido.

Porque lo realmente histórico y relevante es que será la primera vez que en una ciudad como Barcelona se levante un monumento y un homenaje a toda una manera de entender y de vivir la fe cristiana. Finalmente el protestantismo será públicamente aceptado.

Poner en valor a la Reforma Protestante, y los sucesivos movimientos de renovación espiritual que ha experimento en su seno, no es solamente una constatación de la vitalidad de esta parte de la Iglesia sino una aceptación del hecho que, finalmente, se ha admitido y reconocido que lo que se aplastó a sangre y fuego hoy convive en nuestras plazas, jardines y calles con una profunda vocación de Normalización Religiosa.

La aceptación pública de Martín Lutero no llena de por si toda una propuesta de Normalización Religiosa pero nos abre una puerta a la esperanza. Nos abre la puerta a la esperanza de que hoy estamos más  cerca que ayer de que los altos dirigentes de este país pronto decidirán poner a los protestantes finalmente en su agenda política.

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